lunes, 19 de abril de 2010

Sobre viejas ausencias y nuevas necesidades

La despedida fue tácita. Pues ni ella ni yo nos envolvimos en largos y humedosos (sic) discursos de adiós. Sólo fue un "buena suerte", y los dos teníamos en claro perfectamente que no iba a existir el "hasta luego".

Volver a su cuarto me causó un poco de sensaciones encontradas. Uno por un instante se ve tentado de jugar ese macabro juego de ser el otro, sentarse en la cama y pretender levantarse siendo quien ocupaba ése lugar. La ilusión dura poco y termina mal, uno es lo que mierda sea que es uno y así sucesivamente con todos los demás, incluyendo y sobre todo quien se fue. Lo que aparece entonces es el vacío, el terror, el sentir que las paredes se alejan y que las puertas no se abren mientras uno está ahí adentro impotente blandiendo un débil escudo de recuerdos de cosas que uno empieza a suponer que pasaron, por que entre las cosas que ya no están más figuran las certezas.

Y el intento de poner orden termina siendo un monumento al caos, con cosas revoleadas de acá para allá, tratándo de darles vida de nuevo en cierta forma. Y no me refiero sólamente a lo físico, en el torbellino entran los pixels de esas fotos que juramos borrar, las cosas que sólo nosotros vimos, todo consumido por la flagrante llama del destino.

Ya no está más, qué se le va a hacer.

El show debe continuar.

Buena suerte :)

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